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Los edulcorantes artificiales tienen efectos tóxicos sobre la flora microbiana

Un reciente estudio ha diseñado un nuevo método para identificar los posibles efectos tóxicos para la flora intestinal de seis tipos diferentes de edulcorantes artificiales (aspartamo, sucralosa, sacarina, neotame, advantame, y acesulfamo-k), así como en diez suplementos deportivos que contienen dichos edulcorantes.

Edulcorantes artificiales y flora bacteriana
Los edulcorantes artificiales son utilizados en incontables productos alimenticios y refrescos. Aunque se han publicado diversos estudios sobre los posibles efectos negativos de los edulcorantes artificiales, lo cierto es que el consumo de estos compuestos no ha hecho sino aumentar entre las personas de todas las edades: un 28% de la población total los consume. Asimismo, estos productos han sido definidos como contaminantes ambientales emergentes, pues han sido detectados en acuíferos subterráneos y en aguas en superficie. Los métodos empleados hasta ahora para identificar sus posibles efectos tóxicos eran complejos, lentos y poco prácticos.

En el estudio de un grupo conjunto de investigadores de la Universidad Ben-Gurion del Negev, Israel, y de la Universidad Tecnológica de Nanyang de Singapur, se modificó bacterias bioluminiscentes E. Coli para que emitieran luz cuando detectaran elementos tóxicos. Las bacterias del sistema digestivo expuestas a concentraciones de tan sólo 1 mg/ml. de estos edulcorantes experimentaron efectos tóxicos. Los resultados de este estudio, remarcan los autores, nos permitirán comprender mejor la toxicidad relativa de los edulcorantes artificiales y los potenciales efectos negativos sobre la comunidad microbiana, así como sobre el medio ambiente. Por otra parte, el test bioluminiscente también podría ser utilizado para detectar edulcorantes artificiales en el medio ambiente.

Se trata de una nueva evidencia de que el consumo de edulcorantes artificiales tiene efectos adversos sobre la actividad microbiana, lo cual puede causar una amplia serie de trastornos de salud”, afirman dos de los autores del estudio, los profesores A. Kusmaro y S. Golstein-Goren.
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