Enfermedades

Control domiciliario ante riesgo de muerte súbita infantil

La máxima incidencia de muerte súbita infantil se halla en los bebés entre los 2 y los 4 meses de edad

El síndrome de muerte súbita infantil (SMSI) o del lactante es un fenómeno multicausal que altera el proceso de respiración del bebé aparentemente sano, mientras duerme, causando su muerte de forma inesperada.

Existen una serie de factores asociados a un mayor riesgo de padecer SMSI. Estos factores se dividen en tres apartados:

1 Factores ambientales: La incidencia de SMSI es mayor en ciudades, en los meses de invierno y durante la noche.

2 Factores relacionados con el niño
 
Prematuridad: bebés prematuros que presentan dificultades para respirar.
 
Sexo varón: la proporción es de 3 niños por cada 2 niñas.
 
Recién nacidos con una baja puntuación en el test de Apgar.

Lactantes afectados de reflujo gastroesofágico y con dificultades para tomar alimento.

Lactantes que padecen apneas (ausencia de respiración) de origen desconocido y que se recuperan tras una reanimación.

Bebés de hermanos que han padecido SMSI.
 
3 Factores relacionados con la madre

Edad joven

Periodos de tiempo cortos entre embarazos

Antecedentes de abortos

Adicción al tabaco o a las drogas

El hecho de que un niño presente uno o más factores de riesgo es motivo para que se valores su inclusión en un Programa de Monitorización Domiciliaria (PMD). El PMD consiste en la instalación de un monitor en el domicilio del niño para poder controlar sus movimientos respiratorios y su frecuencia cardíaca.

Este método de control funciona de la siguiente manera:

Se colocan dos electrodos de goma sobre el pecho del niño que se sujetan mediante un cinturón elástico. En el caso de que se produzca una alteración en la respiración o en el ritmo cardíaco se dispara una alarma que alerta a los padres. En la mayoría de los casos, el propio sonido de la alarma es suficiente para hacer reaccionar al bebé y que este recupere su estado normal. En caso de no ser así, los padres deben proceder a la estimulación o reanimación del niño. Si se fracasa en el intento, debe acudirse urgentemente al hospital.
 
El PMD tiene una duración entre 6 y 10 meses, ya que pasado este tiempo, el niño ya ha alcanzado la suficiente madurez como para poder controlar sus funciones vitales respiratorias y cardíacas.

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